Tranquilidad total – Cambios Sin Cargo

Senderismo al pie del Teide

Esta semana, nuestra intrépida compañera Pauline nos cuenta su experiencia de ruta al pie del Teide en la isla de Tenerife.

Dejando atrás el pequeño pueblo de Santiago del Teide, el sendero se convierte rápidamente en un camino enrte muros de piedra, como una ruta antigua hacia el mar.

Camino desde Santiago del Teide hacia Puerto de los Gigantes a lo largo de lo que es ahora PR TF-65, mientras se oye el ruido de pequeñas lagartijas correteando entre las piedras.

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Al otro lado del muro, hay pequeños Dragos, Nopales, plantas Suculentas y enormes plantaciones de Aloe Vera y Cactus  donde las arañas han tejido telas inextricables.

Cañones y Valles del Teide, Tenerife.

Las piedras se vuelven más oscuras y rojizas.

El camino sube lentamente, dejando atrás la cresta abriendose paso unas vistas asombrosas.  Frente a mí, se halla un profundo barranco que se sumerge hacia el mar.

Este tipo de desniveles se pueden encontrar en el Parque Rural de Teno, donde también se encuentra el Valle de Masca.

Desde el avión los barrancos se divisan como si fueran cortes profundos de laderas volcánicas que desembocan en el mar.

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En la parte norte del cañon, se ubica una montaña cuya silueta color ocre contrasta con la roca volcánica que lo rodea.

El Teide: un paisaje cambiante

Preguntas de índole geológico asaltan mi cabeza… ¿Por qué el Teide tiene un color distinto? ¿Cómo se formo esta montaña? ¿Por qué el pliegue de la montaña es tán uniforme y no sigue la forma del resto del cañon?

En la bajada del cañón posada en el horizonte marítimo destaca la silueta de La Gomera cubierta con su cresta nublada.

 

El Camino desciende por una antigua carretera que va desde Puerto de Santiago, cerca del pequeño pueblo de Tamaino. Una nube me alcanza y empujada por los vientos alisios se  Las nubes me alcanzan. Empujada por los vientos alisios colisiona contra el flanco norte de la isla. Unas gotas disperas de luz humedecen mi espalda, no lo suficiente como para mojarme pero si lo suficiente para enfriarme.

El camino prosigue con el un ascenso de una cascada de enormes rocas que forman uniformes escalones naturales (los cuales deben ser escalados con sumo cuidado) Y, de repente, me veo de vuelta en la cresta,  enmarcada por un arco iris.

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Detrás de mi, al este, la perfecta montaña del Teide, cuya silueta se mantiene opuesta al cielo azul, sigue dominando la isla.

Finalmente llego a la Cruz de los Misioneros, que domina todo el paisaje. Estoy sorprendida por la fuerza del viento. Hace que la cruz vibre, y al instante me sujeto la gorra para que el aire no se la lleve.

Durante varias horas, este viento procedente del mar, ha ido bloqueando el paso de la nube que iba en mi dirección. El camino se eleva un poco más a lo largo de la cresta hacia el sur. A mi izquierda, el valle con las casas blancas del pueblo de Tamaino.

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A mi derecha, azul, el azul del cielo, el azul profundo del mar. El planeta azul merece su nombre.

Y de repente, lo veo, el macizo de Los Gigantes, como una pequeña montaña separada del resto de la cresta, pero que, visto desde el valle, merece su nombre de Gigantes. Y de repente comienza el descenso. Desde lo alto de la cresta, parece vertiginoso, como una inmersión hacia el mar. Pero finalmente el camino desciende pacíficamente, sin que mis rodillas tengan que sufrir.

El Camino hacia Santiago del Teide

Durante 5 km, recorro un sendero antiguo bordeado por un muro de piedra que sube hacia Santiago del Teide.

Me encuentro con la única tienda en todo el itinerario: una quesería artesanal, pero por desgracia está cerrada, dado que ya es tarde.

Sin embargo, todavía puedo acariciar a los lindos burros, las cabras son más feroces y se niegan a ser abordadas. De repente, justo debajo de la quesería veo un recinto con … ¡avestruces! No me lo esperaba.

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A veces el camino abandona sus muros de piedra para seguir el lecho de una sendero más árido. Poco a poco el sol se pone en el horizonte, y me veo persiguiendo mi sombra proyectada frente a mí.

Atardece y el Sol se habrá escondido en cuestión de una hora. Su relieve se dibuja como si fueran sombras chinas.

Cuando mi caminata en el paisaje volcánico termina con mi regreso al pueblo, la luna sale como un órgano sobre el Teide.

Si desea experimentar el senderismo al pie del Teide o caminar en las Islas Canarias, ¡escríbenos hoy!

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